lunes, 9 de mayo de 2011

Cuna

Cuando vuelvas, Erato*, ven a mi. Trae las ganas contigo y quizás logres encontrarnos. Ya dejé la noche y el deseo pero tú puedes ser el resto de mi vida. Eres.
Sabes, al escribir siempre te cargo la salvación porque en el mundo "real" dudo que tengamos esa posibilidad. Aquí y ahora somos infinitos, cíclicos y sagrados. Hermosos, perfectos, duendes jugueteando en la espesura. Amo eso de ti, la libertad que me das de crearte y recrearte, de transformarte en lo que odio y lo que quiero, de abrir mil puertas y caminos que no están.

La distancia es larga pero no es decidora porque permaneces. Estás en los fantasmas que nunca abandono. Eres mi memoria, el recuerdo de mí misma, de las batallas perdidas ganadas y por luchar. Eres tantos, todos los hombres de mi vida y sin embargo, nunca hay otros, sólo tú. Tú invisible, tú ausente, tú imaginario, tú noche, tú calle, tú piel, tú permanencia...

Aliento: lo tomas de mis besos para dárselo al olvido y pasa el tiempo y desfallezco y llueve tu risa y el amanecer nunca fue tan grandioso.

No quiero ni puedo olvidarte, y llegas.


*musa de la poesía lírica (canción amatoria)